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¿Qué son y cómo funcionan las calderas de biomasa?

28 de Septiembre de 2016
  
Las calderas de biomasa son una solución ecológica y eficaz para calentar la casa y responder a la demanda de agua caliente sanitaria. Como fuente de energía renovable, la biomasa tiene un balance neutro de emisiones de CO2. Desde el punto de vista del ahorro económico, una vez puesta en marcha, el coste de una caldera de biomasa es significativamente menor al de otros sistemas y, además, su uso permite reducir el consumo de energía eléctrica.
 
Las calderas de biomasa se alimentan con residuos orgánicos como restos de podas, huesos de aceituna, cáscaras de nuez, almendras o pistachos, astillas o briquetas, aunque lo más habitual es usar pellets, un material de alta densidad y gran poder calorífico fabricado a partir de serrín natural seco y virutas procedentes de los desperdicios de serrerías y carpinterías.
 
La biomasa es un biocombustible sólido actualmente más económico que el resto de combustibles para calderas, que además provienen de fuentes de energía no renovables. Aunque el precio del pellet y las astillas sube cada año, sigue siendo inferior a otras fuentes de energía como el gas.
 
Si bien es cierto que una caldera de biomasa requiere una inversión inicial superior a otro tipo de instalaciones, pasado el periodo de amortización, su ahorro puede ser superior al 50% con respecto al uso del gasoil. De hecho, el ahorro que se obtiene al usar una caldera de biomasa se nota, sobre todo, en el consumo mensual y ese es el principal motivo por el que su demanda para uso doméstico ha ido creciendo gradualmente en nuestro país.
 
Además, conforme ha ido aumentando la demanda, las calderas han ido abaratándose. Dependiendo de su capacidad y rendimiento, el precio de una caldera de las que normalmente se instalan en viviendas unifamiliares arranca en los 2.000 euros. 

¿Cómo funcionan las calderas de biomasa? 

Al igual que las calderas de gas, las calderas de biomasa van conectadas al circuito de agua caliente y calefacción de la casa. Su funcionamiento es similar: se basa en la recuperación del calor generado durante la combustión de la biomasa para calentar el agua del circuito del intercambiador de la caldera, de modo que éste derive el agua caliente al circuito de calefacción.
 
Las calderas de biomasa exigen cierto mantenimiento extra por parte del usuario, quien tendrá que ocuparse de limpiar el quemador y retirar las cenizas generadas cada cierto tiempo. Además hay que contar con que ocupan mayor espacio que otro tipo de calderas, pues tienen que acompañarse de un depósito para almacenar el biocombustible. Un alimentador de tornillo sin fin o de succión comunica el aparato de la caldera con ese contenedor suministrándole el combustible necesario para su funcionamiento.
 
Según el tipo de biomasa que utilicen, podemos encontrar en el mercado diferentes tipos de calderas:
 
  • Calderas de pellets:
Son específicas para este tipo de combustible. Hay modelos más automáticos que otros en su encendido. Dentro de esta categoría están también las calderas de pellets de condensación, que recuperan el calor de los gases de escape bajando progresivamente la temperatura hasta que se condensa el vapor de agua en el intercambiador. Este proceso aumenta el rendimiento de la caldera de biomasa hasta alcanzar un 105%.
 
  • Calderas de biomasa:
Pueden alimentarse con cualquier tipo de biocombustible, pero siempre teniendo en cuenta que el cambio de un combustible a otro exige la reprogramación del aparato y esta labor, en algunos casos, solo podrá hacerla un profesional autorizado.
 
  • Calderas mixtas
Pueden utilizar dos biocombustibles diferentes, normalmente leña y pellets.
 
Viviendas y comunidades de vecinos pueden beneficiarse de las ventajas ambientales y económicas de estas calderas. Además de ser las calderas más ecológicas del mercado, permiten reducir el consumo eléctrico. Decantarse por un modelo u otro dependerá de las necesidades de cada vivienda y de la facilidad de acceso a la fuente de biocombustible elegida. 

 
  

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